miércoles, 16 de mayo de 2012

De Peep Show (IV)

"... tele. En el Seat León que el chaval acaba de comprarse con sus ahorros.

Aunque no es corriente, hay veces en las que, entre tanto gordo y tanto chino, se puede ver en los shows el careto de algún tío que mola. Más o menos. Tíos borrachos o con pinta de malos o de suicidas. En esos casos, no le dejo al pavo que me vea el coño, para que vuelva y para que se joda. Aunque, en fin, no es lo habitual ni por asomo que los tíos buenos se dejen caer por la putas cabinas; a los tíos buenos casi siempre les aburre mirar. O eso dicen. Sin embargo, el otro día, un sábado, en una despedida de soltero me imagino que era -los nichos, como yo les llamo a veces, se llenaron casi todos a la vez con fulanos de treinta y tantos que llevaban puestas en la cabeza unas antenitas como de hormiga o de marciano, de lo más pedorro- me sucedió algo especial. Uno de los tíos de las antenas estaba tremendo. Superbueno. Os lo juro, chicas; estaba lo que se dice de puta madre. Al pasar la primera vez junto a su ventana, mientras me estaba desabrochando el sujetador, me pareció distinguir en la oscuridad unos ojos muy verdes, rasgados... un pasotón de ojos". (...)




1 comentario:

  1. Cariño, en serio, qué puedes tener ¿dos entradas? ¿una de tu madre? Cierra el blog, pestiño, anda.

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