martes, 29 de mayo de 2012



A Felicidade


Tanta felicidad... tan noble, tan audaz, tan frágil. Como las ideas geniales matriz de los inventos que enriquecen la vida y la prolongan; como la lucidez y las musas que en ciertas gozosas ocasiones abrazan al artista, enardeciéndolo. Como los ojos, al nacer, de un hijo. 

lunes, 28 de mayo de 2012



De Chupacabras


"Cuando trato de pensar en tí, mi memoria permanece dormida; eres tan solo, ya, una razón más para sentir que envejezco"

sábado, 26 de mayo de 2012


"Bilbao"


Un hombre me dice: “me he perdido”. “Su voz me recuerda a la de alguien que conozco bien”.


Conduce un coche rojo, camino de su casa, con la reverberación del sol a su espalda. Abril ya es historia. Mueve el retrovisor para evitar que los rayos lo deslumbren e intenta escuchar en la radio un poco de música que no sea lamentable.

“Salida 24”. Le quedan sólo dos.

Repasa con irritación la jornada; ha acabado hasta los huevos de los clientes.

Un cartel mugriento, que cuelga de una percha de hierro, anuncia la distancia que hay a Bilbao.

Sin darse cuenta está silbando una canción de la radio. No está del todo mal esa canción; habla, con crueldad, de una chica ingenua.

Ha aumentado la velocidad para adelantar a un Toyota que adelanta a un autobús vacío. Aunque no le gusta correr, corre. La salida 39 te lleva hasta otros pueblos parecidos al suyo, con urbanizaciones como la suya. Se sosiega. Ya casi no le queda mono de tabaco. En quince minutos estará con Ana, cenando y viendo la televisión.

“Bilbao 350 kilómetros” dice otro cartel más, éste con abollones.

El siempre se ha imaginado a Bilbao gris. Con grúas, cadenas y barcos grises. Con hombres y mujeres apresurados. Y lleno de coches. Pero la puesta de sol, recién iniciada, le incita a verlo: plácido, apaciguador, con el astro descendiendo poco a poco sobre la ría y los montes verdes, a lo lejos, velados por los vapores del mar.

“Salida 52, quinientos metros”. Abandona el carril derecho, rebasa la desviación y acelera... camino de Bilbao. ¿Por qué no?, son apenas tres horas.

Pasada media hora se siente cansado, duda. Acude a buscarlo, y llevárselo, una de esas comarcales castellanas, de rectas interminables, y a él le perece que podría ser una buena compañera de viaje. En el primer cruce que encuentra se desvía a la izquierda, en el segundo elige una carretera estrecha, de asfalto muy negro, que apunta hacia la sierra. Atraviesa, junto al sol, un pinar lleno de insectos. No se cruza con ningún automovil. Sigue adelante. Tras una curva aparece una casa de piedra. Más adelante, un villorrio. Frena junto a un anciano que lo recorre por el arcén varias veces cada tarde, abre la ventanilla, y me confiesa: “me he perdido”.



miércoles, 23 de mayo de 2012



De El Transcurso del Tiempo


La lava de la adolescencia candente para siempre en la memoria; sugiriendo los modos de la pena y el miedo, dando forma al amor con caricias efímeras, colmándonos el alma de ternura y fe.

martes, 22 de mayo de 2012


De "El Asesinato de Peralta" (I)


Tras dedicar tres páginas enteras a describir la planta alta de la vivienda con todo lujo de detalles, pormenorizadamente, con esa premiosidad y artificiosidad buscadas a las que, con alarma, apelaba su amigo Peralta, el uruguayo, para calificar su estilo como asfixiante, Germán se bebió la botella de vino blanco frío con ansia, casi sin permitirse un respiro, con esas urgencias que tanto incomodaban a Vera, su amante ocasional, y de las que la mujer se valía, entre otras varias argucias más, para poder tildar de desquiciados no únicamente muchos de sus actos sino incluso algunos de sus sentimientos. Pero ella estaba equivocada, él no era ningún irreflexivo ni ningún vehemente... sólo que le daba miedo extraer conclusiones. Pensar, le gustaba. Mucho. Pero sin embargo le costaba un mundo encontrarles unas consecuencias lógicas a sus pensamientos. De ahí esa forma suya, tan premiosa, de describir: perfilando el detalle, resaltándolo con adjetivos fugaces... que tan irrisoria parecía resultarle a Peralta. De ahí esa manera suya de beber, desaforada... culpable. No; no creía que jamás pudiera llegar a convertirse en un criminal como es debido.

lunes, 21 de mayo de 2012


De Peep Show (VII)


"(...) beber encima de la barra.

Llegaba por fin mi turno de conocer el cuarto de arriba. Con alguien increíble. No pensaba cobrarle ni un céntimo, cero de pasta, con tocarlo, con acariciarlo, revolverle el pelo y disfrutar cara a cara de su sonrisa de truhán tenía bastante. Todo eso junto me parecía un cocktail de la hostia.

Subimos al altillo y entramos dentro. Sentados en la cama, sin hablar, comencé a palparle el pecho por debajo de la camiseta. Enseguida él se incorporó y se la sacó de golpe por la cabeza con una sola mano igual que los tíos de los anuncios. Se sentó de nuevo a mi lado con el torso desnudo. No pude contenerme y me arrojé sobre él como una gata joven, le empujé fuerte en los hombros hasta tumbarlo y a continuación me arrodillé y me puse a descalzarlo con devoción, pausadamente, y a masajearle los pies. Ya incorporada, pero sin terminar de erguirme, comencé a desabrocharle el cinturón y a desabotonar la bragueta de sus vaqueros.

En cuclillas, sin ropa interior y con el batín de nylon deslizándoseme por los hombros, tiré con fuerza hacia mi de la tela azul de las perneras hasta llegar a perder el equilibrio y caer. El me ayudó a levantarme. Volvió a sonreirme.

Miré donde su sexo. Ella me acuciaba medio replegada bajo el tejido de sus boxer. Me asió de la muñeca y con un movimiento rotundo de su brazo apartó mi diestra de sus piernas cuando ya me disponía a acariciársela. Permanecí varios segundos sin poder dejarle de mirar el rostro. "¡Quítate las antenas!", le pedí. El contrajo sus facciones con un gesto de dolor y pareció estar a punto de echarse a llorar. Balbucí "... pero... entonces... entonces... ¡de verdad eres tú!". Rompió en sollozos. Me rendí. Acepté sin reparos que mi imaginación pudiese ser más real que una lógica absurda que muchas veces me resultaba ajena. No había vuelta de hoja, Kobain había regresado al mundo para redimirnos a algunos de nosotros. "Dejaré esto, dejaré de ser una puta, dejaré de gritar... pero, por favor... fóllame" le rogué desconsolada a mi ídolo y conduje esta vez mi mano hasta la diadema de la que salían los alambres con las esferas. Nos miramos los dos a los ojos una última vez. Retiré aquello de su cabeza presintiendo algo de lo que podría ocurrir a continuación y presencié como en un suspiro el cuerpo de él se desvanecía, integro, en la atmósfera perfumada del cuartucho. Enredadas en las antenas habían quedado unas cuantas hebras doradas de su cabello. Hoy ya no me parece demasiado. 

Ya lo sabéis, entonces, queridas mías, bailarinas, danzantes, princesas, zorritas, cuando veáis a un chico guapo que os sonríe desde dentro de una de las cabinas lo más probable es que se trate de un ángel suicida. Intentaréis salvarlo pero él no aceptará, os sonreiréis mutuamente y desaparecerá de vuestra vida en menos de cinco segundos".
                                     
FIN


domingo, 20 de mayo de 2012


De Peep Show (VI)

(...) el sitio a una de las rusas.

Estaba en la barra y llevaba colocadas aún las dichosas antenitas. Los demás, no. Tenía que ser el novio. Avance hasta él con la bata de seda cruzada y el cinturón atado -y en su sitio- y plantándome delante, bien pegada a su cuerpo, le dije con todo el descaro del que fui capaz -las piernas estaban temblándome un poquito- que si le interesaba yo podía ser justo el regalo que mejor le podría venir en una noche como esa. Me sonrió. Le pregunté si era el novio y volvió a sonreírme. Los amigos empezaron a animarle para que se viniese conmigo. Como todos llevaban puestas unas gafas de sol idénticas resultaban ser bastante parecidos entre si. Mi chico no, el era completamente distinto de los demás: rubio, alto, la barba cerrada, guapísimo. Lo cogí de la mano y comencé a hacerle cosquillas enmedio de la palma con las uñas. La piel nos sudaba a los dos. Se me quedó mirando fijamente, por fin. Me acerqué hasta su oído y le dije que si no quería no haría falta que lo hiciésemos del todo, que me limitaría a masturbarle como él me dijese. Se dio cuenta de que mi mirada rezumaba ternura. Tuvo que hacerlo. Asintió con la cabeza sin decir nada, sonriéndome de nuevo, y dejó el vaso que se estaba tomando posado a medio beber encima de la barra. (...)




jueves, 17 de mayo de 2012



De Peep Show (V)
"... un pasotón de ojos.

A la siguiente vuelta, su mirada: especial, preciosa, profunda... me resultó vagamente familiar y permanecí así, como medio atontada, unos instantes sin apenas moverme ni acariciarme. Reaccioné por fin, me arrodillé mecánicamente entre los almohadones con forma de corazón y me puse -sin poder quitarme a aquellos ojazos de dentro de la cabeza- a pegarle sin ton ni son una serie de estirones al elástico del tanga. "A este sí que voy a dejarle que me vea el chocho, mira tú por donde", decidí para mi misma mientras lo hacia. Y mientras me bajaba la braga giré mi cuerpo -tumbado ya- hasta colocarlo boca abajo para de esta forma poder apreciar con todo detalle en el próximo giro el careto del guaperas. Continuaba lentamente, afianzando sutilmente la realidad de mis pensamientos, la rotación de la plataforma. Dirigí el rostro hacia su cubículo y vi, mosqueada, como la cortinilla de vinilo comenzaba a descender. Deseé con todas mis fuerzas que el tipo aquél metiera cuanto antes otros dos euros dentro del cacharro. Lo hizo y pude, en esta tercera ocasión, observarle perfectamente al pasar a su lado. Me dedicó media sonrisa luminosa, angelical. Un alucine. Incluso me parece que solté una especie de aullido. Resulta que yo conocía a aquel tío. Muy bien. Sí, claro que lo conocía muy bien, en el pasado aquel cabrón había tenido un papel esencial en mi vida. Y me encantaba, era mi verdadero hombre. ¿Qué demonios hacía Kurt Cobain un sábado a las siete y media de la tarde al final de Bravo Murillo, junto a la Plaza de Castilla? ¿Qué demonios hacía allí, dentro del peep show, viéndome a mi en pelotas, si hacía un porrón de años que se había muerto?. La cortinilla volvió a bajar de nuevo para no volver, ya, a levantarse. Terminé el pase nerviosísima como malamente pude, las tijeras con las piernas me salieron un churro, y abandoné la vitrina a toda hostia con la bata echada por encima de los hombros para dejarle el sitio a una de las rusas" (...)



miércoles, 16 de mayo de 2012

De Peep Show (IV)

"... tele. En el Seat León que el chaval acaba de comprarse con sus ahorros.

Aunque no es corriente, hay veces en las que, entre tanto gordo y tanto chino, se puede ver en los shows el careto de algún tío que mola. Más o menos. Tíos borrachos o con pinta de malos o de suicidas. En esos casos, no le dejo al pavo que me vea el coño, para que vuelva y para que se joda. Aunque, en fin, no es lo habitual ni por asomo que los tíos buenos se dejen caer por la putas cabinas; a los tíos buenos casi siempre les aburre mirar. O eso dicen. Sin embargo, el otro día, un sábado, en una despedida de soltero me imagino que era -los nichos, como yo les llamo a veces, se llenaron casi todos a la vez con fulanos de treinta y tantos que llevaban puestas en la cabeza unas antenitas como de hormiga o de marciano, de lo más pedorro- me sucedió algo especial. Uno de los tíos de las antenas estaba tremendo. Superbueno. Os lo juro, chicas; estaba lo que se dice de puta madre. Al pasar la primera vez junto a su ventana, mientras me estaba desabrochando el sujetador, me pareció distinguir en la oscuridad unos ojos muy verdes, rasgados... un pasotón de ojos". (...)




martes, 15 de mayo de 2012

De Peep Show (III)

"... ¿Qué no?. Miren, atiendan, la otra tarde me paró en la puerta del local -habían dado las once y estaba justo a punto de largarme- y me pidió baboseando que subiera con él al cuarto. "Yo nunca subo al cuarto y menos con borrachos" le repliqué toda digna según me marchaba. Había quedado con Oscar en la Plaza de los Cubos y, al llegar, preferí no contarle nada, me dio palo pensar que si lo hacía al tío le diera por restarle importancia al incidente y pasara de ir a partirle la cara al puto brasileño. El Oscar lleva media vida encerrado en el gimnasio pero luego es incapaz de aplastar una mosca. "No me han hecho nada" dice para justificarse. Y aunque le tengo dicho que hay mucha mosca hija de puta y además transmiten mogollón de enfermedades horribles, no me hace ni caso. ¡Un cielo mi hermanillo, más majo!. No sé, a lo mejor tiene razón y no hay que matarlas. A veces, cuando estoy cruzada, me paso bastante. Entonces, ya lo saben -acabo de explicárselo- le pegué dos besazos en los mofletes al Oscar nada más verlo y cuando él me preguntó que "¿qué tal?" fui yo y le contesté que "bien" y de lo del Davis no le dije ni mú. Luego nos metimos los dos tan panchos en un FRESCO que hay por aquella zona y nos pusimos hasta el culo de ensalada y de pizza chunga. Y luego a casa. A ver la tele. En el Seat León que el cha..."



lunes, 14 de mayo de 2012


De Peep Show (II)

"Porque quieren más. Todos quieren más. Los tímidos también quieren más.

Y no hay más. No. Davis, el encargado, o el gerente como él prefiere que lo llamen, lo sabe, sabe que de vibradores nada de nada, que o me sueltan cada día otros dos billetes de cincuenta o los cimborios esos se los pueden ir metiendo ellos por el culo. He tenido que volver a repetírselo hoy mismo. Ya cansa. El me ha mirado con rabia y me ha sonreído. Ni me inmuto. Soy más lista que él y gano más pasta que él. Seis horas cada tarde de show ininterrumpido turnándome con otras cinco chicas: guiris todas, rusas o de por ahí, y una colombiana, tope de nerviosa, que a mi me recuerda a una ardilla. En los lésbicos, cuando amagamos el sesenta y nueve, hay que estar bien atenta para que la Flavia no te salte un ojo de un taconazo. Es el perico. La tía le pega a la farla que da gusto. Las rusas son ya harina de otro costal. A una de ellas -flaca, una morena que apenas habla- el Davis le suelta de vez en cuando algún billete bajo cuerda. Esta, que es la más bicho de todas, no puede ni verme desde que un día apareció por el curro con una corbata de seda para el maromo y fui yo y le pregunté de donde coño la había sacado. Ahora el gilipollas ¡cómo son los tíos! se la pone a veces y saca pecho, el cabrón, como si, gracias a la puta corbata de color caca, se hubiese transformado en multimillonario. El es exactamente igual que la corbata, otra caca. ¿Qué no?. Miren, atiendan, la otra tarde..."




jueves, 10 de mayo de 2012




De Peep Show (I)


"Les aseguro que ver como pasa tu vidauna tarde tras otra quitándote el sostén y las bragas al ritmo de Technotronic,y similares, es un coñazo de la hostia. Y si ahora, en pleno verano, con elputo verano de calor que está haciendo este año, coincide que además se averíala máquina del aire acondicionado el asunto se convierte en un verdadero asco.

Gordos, tíos con gafas y cara de chumino, adolescentes con acné, viejossalidos... Y gordos; muchos más gordos llenos de sebo y sudor... esos hijos deputa son los que en términos generales componen mi inestimable público. Los veomirarme a través de las ventanillas, los ojos bien abiertos, la boca cerrada,concentrados; no quieren perderse detalle de nada de lo que hago, desde laoscuridad escrutan como búhos hasta el más leve de mis movimientos. Aunquetambién los hay que son tan gilis que les da corte mirarme cuando me tienenenfrente y en cuanto ven que me dispongo a encararles se colocan de lado, comosi estuviesen tratando de buscar la puerta de la cabina y su rabo lo tuvieranmetido allí adentro por pura chiripa. Y los veo de perfil, cohibidos, grises, ycontinuo sonriendo, a mi bola, y me parecen los pobres justo igual de memos quelos imbéciles que me sacan la lengua o me lanzan un besito cuando piensan quelos estoy mirando.

Porquequieren más. Todos quieren más. Los tímidos también quieren más (...)".

miércoles, 9 de mayo de 2012


Blow Up


No es una muñeca rusa hueca rellena de otras muñecas huecas rusas. No es tampoco el reflejo de un espejo enfrentado a otro espejo que lo refleja. El tiempo es un carrete de fotografías.


lunes, 7 de mayo de 2012


Deja vu  

El olor y la música van por el aire; vuelan. Y si son capaces de trasladar los recuerdos con una nitidez tan pulcra es porque son en si mismos tiempo evanescente, vaharadas del pasado.


sábado, 5 de mayo de 2012



Conservar la dignidad


Me importan: la caligrafía, los títulos de los libros y las fachadas de las tiendas. ¿para que nos hallamos si no aquí, sino para intentar conseguir satisfacción de todo?. Y es, precisamente, de las formas y de los métodos de donde el placer puede obtenerse en su expresión más pura, menos emocionante.

viernes, 4 de mayo de 2012



SABER VENDERSE

Comentaba yo el otro día en Chez-Malherido a propósito de la vanidad y la avidez de autobombo que desde algunos de los blogs que frecuento se les achaca a esta nueva hornada de escritores locales a la que en los últimos tiempos los medios de comunicación especializados están tratando de poner en solfa, comentaba yo el otro día, voy, me repito y sigo, algo así como esto:

"Al que va dar el timo del tocomocho no le quedan más güevos que asegurarle a su potencial víctima, que le ha tocado el gordo de la loteria".

En el viejo Far-West para subsistir como vendedor de pócimas contra la viruela y elixires anti envejecimiento había que estar dotado de buena labia e idéntica capacidad de convicción, más de nada los hubieran valido a los “filantropos” una y otra de estas cualidades, sin antes asegurar, prometer y hasta jurar, ante su variopinto auditorio, la absoluta eficacia de sus mejunjes.

En otros ámbitos más provechosos y excitantes que el de la locuacidad documentada o las estrategias del libre comercio, parece cosa certera que el auto elogio (el emocional, sobre unas hipotéticas intenciones, e incluso el físico, sobre unos rasgos que son evidentes y palmarios) rinde asimismo sustanciosos réditos. Y en estos instantes estoy aludiendo, como seguro se habrán imaginado, a las lides de la seducción carnal.

Es así como ha venido funcionando el asunto desde la mismísima Odisea. Ulises, The Boss.

Un funcionamiento cuestionable que, en los últimos tiempos, se ha impuesto de manera taxativa, apabullante, merced al enorme flujo de información que posibilita INTERNET. Toda una serie de escenarios e instrumentos cuya finalidad última no es otra, al fin y a la postre, que la de que cada persona pueda hacer exhibición pública, ante cualquiera otra, de sus atributos (¡hasta los más íntimos!) y sus habilidades (por estafalarias que estas pudieran ser conceptuadas). La vanidad más desbordante al alcance del dedo. Click, click. ¿O qué otra cosa, si no, es este mismo blog?. E, incluso, todos los demás blogs autoreferenciales.

Y los angelitos –todas esas chicas y chicos jóvenes que velan sus primeras armas en el proceloso (rechinan las cadenas del puente levadizo) mundo de la literatura- no hacen sino lo que les corresponde hacer en buena lógica: darse a conocer a los demás y ponerse estupendos. Y es aquí, sólo en esta pretensión última, donde tal vez, si nos mostrásemos muy puntillosos, deberían surgir las reticencias ¿Son de verdad algo chachi todos estos escritores jóvenes?.

Como es a los demás es a los que nos va a corresponder juzgarlo ¿qué mal hay entonces en que entre ellos se jaleén los unos a los otros, alentándose? Esto mismo, con los medios y la repercusión concernientes al caso, ha sucedido ya con todas las generaciones anteriores. Amén, claro, de que toda alharaca entrañe en si misma un serio riesgo; que mayor pie puede dar para los carcajeos del que sopese su mesura -o para la sonrisa, no nos pongamos rudos- que motivos para desbocar los entusiasmos.

Pues ya ven, hasta en esto les encuentro disculpa o coartada o franqueza -o como lo quieran decir- a todos estos literatos de nuevo cuño. Desde su perspectiva, a partir de las fuentes literarias... culturales, en general... de las que han bebido, a partir del nivel de autoexigencia y valoración del esfuerzo imperantes en el tiempo y el lugar en los que se ha desarrollado su adolescencia, y viene cuajando su juventud, a mi me resulta verdaderamente coherente, y he estado a punto de decir entrañable, que, las tías y los tíos, puedan creerse, sin llegar a temblarles una sola neurona del cerebro, que se lo hacen de puta madre.

Son los hijos de “Gran Hermano” y “Operación Triunfo” y, aunque sean escritores, saben que, hoy en día, casi más importante que el tono y la sustancia de las historias que inventen es la repercusión mediatica de la imagen que cultiven. Si desean labrarse una cierta reputación como literatos, no les queda otra que tratar de aprovechar las oportunidades que les brinda esta época en la que les ha tocado vivir. Aquella, de entre todas, en las que nuestra sociedad occidental ha adolecido de una mayor falta de criterio. Sí señores, vivimos, viven ustedes, la época de la falta de criterio.

No nos quedaría sino añadir, para rematar con puntería este breve cuento: ¡chapeau mister McLuhan!.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cuando el amor se rompe

Se posterga la pasión a un viaje que pensamos hacer en el verano.

Este verano, el sol librará al tiempo de parte de su carga. Quizás el destino sea lo menos importante de ese viaje. Quizás la suerte se encuentre echada de antemano y sea en ese viaje donde aparezca fatalmente la guadaña. Quizás no lleguemos a irnos.