martes, 24 de abril de 2012



A Favor del Impresionismo Narrativo


Nunca en la historia de la crítica literaria moderna se han propiciado como pauta de estilo contemporáneo unos criterios y unas prevalencias tan fatuos y faltos de sustancia como los que parecen haberse impuesto en estos ralentizados tiempos que estamos viviendo.

Influenciados sus responsables por esa desorientación y esa irrefrenable voluntad de capricho de sus colegas más expertos, transmite una inquietante sensación de malestar la condescendencia de la que los críticos jóvenes pretenden hacer gala a la hora de valorar talentos ajenos sólo por el hecho de no ser -sus poseedores- contemporáneos nuestros; contemporáneos suyos.

Aunque los hechos vengan a acotar, con cada nueva reedición de un maestro olvidado, las verdaderas dimensiones de la ignorancia y el atrevimiento de estos opinadores de nuevo cuño; aunque cada vez resulte más patente la aberración cultural que supuso el olvido, por parte de la casta intelectual dominante, de una pléyade de magníficos escritores muertos pertenecientes a una o dos generaciones anteriores a la suya, esta nueva crítica prefiere -quizás les interese- continuar aferrada al tópico y, en vez de denunciar en voz alta el clamoroso fraude, incorporarse a la causa de la manipulación y erigirse poco menos que en benevolentes redentores “culturales” de esos anacrónicos abuelitos, que en el fondo y aunque los pobres careciesen INTERNET -algo así parece desprenderse de sus infantiloides apreciaciones- sabían escribir de manera bastante aceptable.

Y... miren... ¡no!. En eso de que Andreu Buenafuente se ponga a reirle los chistes a Woody Allen, para hacerle un favor, hay algo que no cuadra. En el periodo de entreguerras había sobreabundancia de escritores buenos, buenísimos. Y casi igual, hasta los años “ochenta”. Con la irrupción del posmodernismo es cuando comienza a irse todo al carajo. Hasta hoy en día, en que la situación se puede calificar perfectamente de peliaguda. Al rebufo de INTERNET, lo extravagante (la humorada) está asumiéndose como alternativa válida, y aún preferible, a lo inteligente (la ironía); la improvisación (el pastiche) como algo de una solvencia intelectual mayor a la del discurso (los argumentos); la "voluntad" en suma, aunque sea para hacer el pichachorras, como un don a admirar, y ser cultivado, por encima del "entendimiento".

Bástase la actual sobreabundancia de otros medios de expresión -y hablo de abundancia y no de diversidad a propósito, porque tanto la fotografía como el cine como la música grabada cuentan ya con más de un siglo de vigencia- para que la narrativa literaria fuese más pura cada vez, más nítida, sin mezcolanzas disgregadoras ni experimentaciones banales. El pensamiento y la palabra. El conocimiento y la dialéctica. La percepción y la retórica.

Entonces... seamos clásicos, tratemos de ser impresionistas. Más, no me sale añadir.

7 comentarios:

  1. Las ocurrencias suplantan a las ideas

    La cantidad a la calidad

    El ruido al silencio

    El marco al lienzo

    Las letras al poema...

    ResponderEliminar
  2. ¿No te estarás refiriendo a mi manifiesto, no?.

    No; sé que no. En tu blog te has referido ya a esta engañifa. Me acuerdo perfectamente de tus alusiones la espúrea suplantación del silencio por el ruido por parte de nuestros benditos contemporáneos. Una verdad como un templo. El ruido, la bulla, el chunda-chunda, el golpeo de bidones... algo insufrible.

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  3. julián, hombre de dios, corrige ese "vanales", por favor, que me está doliendo la córnea.
    parcialmente de acuerdo con lo que dices, pero creo que disparas un poco a bulto; ¿todo es tan horrible?
    saludos.

    ResponderEliminar
  4. CC

    Gracias por avisarme de la falta de ortografía en la que he incurrido ¡oído barra, marchando una de correcciones!

    En cuanto al fondo ¿en qué no estás de acuerdo?

    Lo de los descubrimientos extranjeros por la crítica joven: cada vez que reditan a Malaparte o a Gide o a Maurois o a Satta, por poner unos ejemplos cogidos a boleo, pero reales, estos críticos que andan por los treinta, reconociendo la bondad de esos autores ¡faltaría más! muestran como una especie de extrañeza, o incluso estupor, no sólo por el elevado nivel de sus obras sino por el hecho mismo de que estas existiesen. Algo parecido a esos turistas que van de vacaciones a Canada y te comentan llenos de asombro que los canadienses ¡comen jamón! y en Montreal se utiliza el aceite de oliva para aderezar las ensaladas.

    Si es o no tan horrible. A mi, sinceramente, no se me ocurre ninguna novela española, escrita de los "ochenta" a esta parte, no ya que merezca el marchamo de "clásico" sino incluso que pueda ser conceptuada como una buena novela, sin más. ¿Tal vez algo de Umbral o de Vazquez Montalbán? no sé... En cualquier caso al nivel de estos dos escritores, que acaban de citarse, no llegan los de ahora ni poniéndoles propulsión atómica a las Vans.

    En cuanto al "bulto". Andaré con cuidado´... que eso justo es lo que le ha pasado a Juancar con el elefante, disparar a bulto ;-)

    Venga, un abrazo...

    ResponderEliminar
  5. Hurra, es totalmente cierto.

    Recientemente estaba pensando en un derivado: hoy no hace sino alabarse el estilo "seco", de estilo simple, sin "adornos adjetivos" y, sobre todo, sin meditaciones o muñecas chinas ni nada que sea un poco más sofisticado, en las novelas. En suma, al leer el suplemento cultural del dominical, uno se hace la idea de lo que se quiere en una novela son "hechos", y nada más que hechos. Incluso, ¡un estilo cinematográfico!

    Me cago en eso. La obra de arte no sale del culo; sale de un esfuerzo considerable, después de una larga observación y, sobre todo, comprensión de la realidad.

    Los famosos hechos, ello solitos, no significan nada, y cualquier tarado con un lápiz puede anotarlos.

    Yo hago mato una cabra cada viernes a los dioses para que la moda pasajera esa esté por cambiar.

    ResponderEliminar
  6. Amigo Sierra

    Todo perfecto. Y aún mejorable, si sustituyese a la cabra por un cabrón (en la acepción española del término -que ya he visto que es usted de Chile-). ;-)

    ResponderEliminar
  7. Tiene mucho que ver con la crisis de las humanidades, la forma en que los diletantes se han hecho con el control de las Letras, la debacle académica a fuerza de deconstrucción y la invasión de la idiosincrasia cultural norteamericana en Europa. Los resultados no podían ser otros. Idiotas intentando hablar de cosas serias.

    ResponderEliminar