lunes, 2 de abril de 2012


De Incomprensiones (II)

"De repente, un día, vas a doblar la esquina de siempre, esa que doblas todas las mañanas cuando vas al trabajo, y ves que tus huellas no se encuentran allí. De repente, un día, tu hija de quince años te dice que quiere marcharse de casa y tu mujer te dice que tienes que marcharte de casa. Y aunque te aseguras a ti mismo que eres el de siempre y estás tan feliz como siempre, sabes que eso no es así porque no puede serlo.

De repente, un día, parece que les importas un carajo a todos los que te rodean y sabes que tu apuesta tiene que consistir en demostrarle a la vida que tú perteneces a esa clase de hombres que no necesitan tener demasiadas satisfacciones para estar a gusto.

Y de repente, un día, sin que apenas te hayas dado cuenta, otra vez vuelve todo a recomponerse a base de sentidas emociones y pueriles frustraciones. Hipócritas coartadas, en suma, para no tener que pensar en la muerte que acecha".

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