lunes, 19 de marzo de 2012

En mi actual periplo por la blogsfera, tras orbitar una buena temporada sin demasiada fortuna por otros universos de un pragmatismo mayor al que es propio de la red, di el otro día con un bello muestrario de evocaciones obra de cierta mujer, llamada Maria Bautista, que aparecían compendiadas bajo el enigmático nombre de "La Ceguera de Piero". Esta historia, que ahora les cuento, está inspirada en ese blog.

Piero della Francesca se dirige devotamente a Maria Battista desde los confines del cielo.

"Creo saber de una mujer joven que está enamorada de mi. Yo no la conozco, jamás la he tratado. Podría parecerse a Eleonora, podría parecerse a Isotta, ser rubia o ser morena, y tener la piel del color del azahar o tenerla de otro tono distinto.

Ella es una dama del futuro, no ha nacido aún, pero a mi me ha sido dado adivinar mientras dormía algunos rasgos inciertos de su porte. Velada entre colores apareció en mi sueño una doncella, contemplando con interés las imágenes de una de mis tablas, y yo creí distinguir el esbozo de una discreta sonrisa de deleite, iluminarla el rostro. Eso, al menos, he considerado. Aunque puedo equivocarme porque soy hombre, he perdido la vista y, quizás, tampoco haya por que fiarse en demasía de la veracidad de los sueños".

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