lunes, 26 de marzo de 2012


De Miradas de un muerto (II)

"Cuando veo una mujer de setenta, de sesenta, no sé... incluso de cincuenta años, imagino como debe haber sido de joven. Y puedo verla, ahora, con menos arrugas, más agresiva, más temerosa, pensando en sus hijos pequeños o en la escasa atención que a su juicio le dedica el marido. Su piel más limpia, sus intenciones más vehementes; mayor, su desencanto. En el metro, en los autobuses, entre los vestidos rebajados de El Corte Inglés se encuentra uno con todas estas mujeres de cincuenta, de sesenta, de setenta años... . A veces se sientan a las mesas de las cafeterías y charlan y sonríen. De bromear poco, porque eso es algo que no les suele gustar demasiado. Sólamente sus ojos: vivaces, húmedos, llenos de recuerdos... parecen ser capaces de poder ponerle luz a los desencuentros y los silencios de sus rutinarios diálogos".

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