sábado, 3 de marzo de 2012



De Miradas de un muerto (I)

"Les hablaré ahora de mi paso por esta ciudad. Pisé, cabizbajo, sus calles, vestido con ropas sencillas.

Cuando me quise disfrazar de señorito di lástima. Todavía, hoy, me pregunta por alguna calle alguna turista perdida. Le contesto; los niños corren gritando a nuestro lado como si quisiesen estallar en mil pedazos y las muchachas acuden a sentarse en los bancos del parque con un pitillo en los labios y una flor blanca y marchita debajo de sus faldas.

Esos mismos bancos en los que cuando era adolescente nunca conseguí permanecer sentado, tranquilo, unos minutos, sin sentir el deseo de marcharme enseguida a otra parte o de acariciar la piel de los muslos de una de esas pobres muchachas que conversaban, sonrientes, maniatadas por los hilos del tiempo".

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