jueves, 29 de marzo de 2012


De Incomprensiones (I)

"Está enfadado porque he aparecido veinte minutos tarde. No comprende que me retrase, lo achaca a mi coquetería y eso no es verdad, nada más lejos. Le quiero y me gusta que piense en mi, simplemente. Me lo imagino nervioso delante de la puerta del cine, mirando el reloj y pensando en mi. Y me gusta. Yo, mientras tanto, delante del espejo, me miro las ojeras y entorno los párpados con el pintalabios en la mano ¿Y si se lo dijera, que si lo hago esperar es precisamente porque le quiero, porque él es mi hombre...? ¿cómo se lo tomaría?.

Me pregunta, ahora, si estoy segura de que la película va estar bien y yo le respondo que si lo prefiere entramos a ver otra distinta, la que él elija. Deja caer, como suele hacer en estos casos, que, mejor, por que no aparcamos lo del cine para otro día y nos vamos por ahí a tomar unas cañas y picar algo. Lo miro, compruebo que en su rostro está instalada esa bonita sonrisa de la que suele echar mano para tratar de salirse con la suya, y no me resulta nada difícil convencerme también hoy, hoy también, de que en realidad no existe ninguna razón de peso para que él conozca los verdaderos motivos por los que siempre llego tarde a nuestras citas. No, no merece la pena".

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