martes, 27 de marzo de 2012


De El Réprobo

"Habito en un rincón del que pasan de largo los más vivos deseos, las proclamas más justas, las modelos más bellas, las obras magistrales de la literatura. Los amores fatales, los instantes cruciales, las verdades eternas. Los dogmas y las tesis de las ideologías.

Habito en ese sitio: oscuro, abandonado, lleno de telarañas y pieles de naranja, donde buscan refugio, tras verse repudiadas, las palabras del santo, la doctrina del prócer, la locura del loco. Donde terminan, juntos, con el paso del tiempo: las gestas más audaces, los salmos, las sentencias. Los ritos, las banderas. Los héroes populares de las revoluciones.

Mi patria, muy pequeña, ayuna de fronteras, se llama escepticismo".

3 comentarios:

  1. Caramba, Julián. Me ha encantado. Fantástico, el ritmo, esa sorprendente secuencia de heptasílabos, que encaja de maravilla con el ritmo y el tono de lo que se está diciendo.

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    1. Concuerdo en la admiración por la forma musical que alude Vanbrugh. Disiento de la conclusión: el escepticismo no es una patria, ni siquiera pequeña, me parece, en todo caso, un pasaporte que no siempre hay que mostrar

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  2. No puedo estar más de acuerdo con los dos ¡ja, ja, ja!.

    Ya una vez limpia y seca de babas la barbilla tras la acerada crítica de Vanbrugh, añadir que la apreciación de Lansky es digna de figurar en la cabecera de su blog. Desde este mismo momento la hago mía "el escepticismo no es una patria sino un pasaporte que no siempre hay que mostrar".

    ¡Qué se le va a hacer, lo voy evitando, pero todavía me puede a veces el sonajerismo. La relidad es que estoy mucho más cerca de la conclusión de Lansky que de la mía propia.

    Un abrazo a los dos y... ¡a seguir poniéndome verde!.

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