miércoles, 6 de mayo de 2015

NOVELISTA (Parte I)


Ya está, ya he terminado la novela. Bien, a mí ritmo. La trama ha ido deslizándose por la pantalla del pecé sin apenas sobresaltos... que alguno sí hay, tiene que haberlos... como un esquiador veterano, y tranquilo, sobre una pista facilona con la nieve virgen. El desenlace tiene lugar en Los Alpes. Más o menos cerca de esa montaña donde el soplapollas de Lubitz estrelló el avión del vuelo 9525 de Germanwings con destino a Düsseldorf. A lo mejor de ahí el simil este, del esquí, que tampoco es un tema que me sugiera nada en especial.

Luego, enseguida, toca pensar lo que voy a hacer con ella ¿Permitir que duerma el sueño de los justos con otras que he escrito últimamente? Mi mujer me dice que haga algo. A mí me da pereza. Reconozco -les argumento a mis reticencias- que hay una editorial nueva en Barcelona que me parece bien y que el texto, su estilo, tal vez pudiese encajar dentro de los que, de momento, componen su fondo de catálogo. Animado -mal que me pese soy un optimista incorregible- contemplo la posibilidad de que, incluso, se animen a echarle una ojeadita. Aunque sea por encima.

Venga... intentémoslo.

Trato de esmerarme con la carta de presentación. ¡Hay qué ver lo que me joden las putas cartas de presentación! Delante del papel en blanco de una carta de presentación me convierto en un tipo vulgar y corriente. A lo mejor lo soy. Que no... Que es broma. Bueno... venga, enjareto a la deriva, sin llegar a estar convencido del todo ni del tono ni del fondo del mensaje, una serie de pamplinas y obviedades, veraces sin embargo todas ellas, sobre lo cojonuda que es la editorial, lo cojonuda que es mi novela y lo contento -loco de contento- que yo iba a ponerme si me la publicaran. Les dejo caer también de manera un poco más sibilina -está claro: no soy ningún gañán- que con mi libro podrían pegar el pelotazo o.... por lo menos, amortizar una buena parte de los gastos de edición. Estampo por último, como colofón obligado, mi firma. La del apellido, en plan curriqui. Mi mujer me ha recomendado que no utilice seudónimo -espero que la criatura no aspire a erigirse en una nueva Marina Castaño; aunque, por si acaso... ¡ándate con ojo Calatrava!- y uno, que, como van ustedes comprobando, hoy está en "mode": "hacerle caso en todo a mi mujer", va y obedece. Ella es adorable y a lo mejor, hasta si me apuran, consigue traerme suerte... (continuará)


domingo, 3 de mayo de 2015

GANAS DE SALIR HUYENDO


Probablemente sea ese mi estado de ánimo habitual. Ansioso. Y haya sido así desde siempre. La ansiedad presente de continuo en mi vida, con sus múltiples disfraces, para decretar como soy. Los motivos cambian, pero ella permanece. Siempre ha estado ahí. Intento no volver la vista hacía el pasado demasiado a menudo. Cuando lo hago, la veo. Ella ya estaba allí. Y tengo que reprimir las ganas de salir huyendo.

No sé si esto que me pasa a mí les pasa a los demás hombres, a las demás mujeres. Supongo que sí o, si no, les sucederá algo bastante parecido. Los ansiolíticos se venden como churros y a la gente, casi desde que tiene uso de razón, le gusta beber alcohol, tomar drogas. La razón engendra los monstruos de la verdad que son los más despiadados entre todos. Los únicos que no están dispuestos a perderte de vista aunque tú seas un puto desastre. Y hay que conseguir hacerse, como sea, con algo, lo que sea, que nos permita creer que no somos un puto desastre. Doblegar, aunque tengamos que recurrir para ello a pastillas, a las cogorzas, las acuciantes ganas de salir huyendo.

Hoy tienes junto a ti a una mujer bonita que más o menos te comprende -o un hombre apuesto, como lo prefieras- y es un domingo de mayo tranquilo y soleado, como de verdad está resultando ser este día. La tarde va discurriendo con calma y no ha sucedido nada malo de lo que poder lamentarte. Y, sin embargo, sabes que tu vida está ahí, al acecho, echándose un pitillo junto a la catástrofe, en el bar... a la vuelta de la esquina... dispuesta a cumplir con su trabajo y hacerte pensar. Hacer que te preocupes como siempre ha venido sucediendo. El miedo a la pérdida. Cuando realmente, para que vamos a engañarnos, no hay modo de escapar de la vida por mucho que uno corra hacia atrás. O hacía delante.

Para tratar de superar ese miedo, refugiarse en una nostalgia de caras borradas. Sublimarla -a esa nostalgia, me refiero- por medio de canciones, de música, de lecturas... de objetos incapaces de morir... y, así, impedir la resurrección de los muertos. Un nostalgia sin rostros, truncada, para no tener que enfrentarte cara a cara con la verdad. Una verdad que, en el fondo, no deja de ser la única alternativa posible; bastaría... para aceptarla... con que dejáramos de pensar en nosotros mismos. Después de todo, no deberemos ser tan valiosos cuando tenemos que recurrir al dopping para sobrevivir. Pero resulta algo tan difícil eso de dejar de pensar en uno mismo.

Y así envejezco, envejecemos, reprimiendo un día tras otro, una tarde tras otra, una noche tras otra, el deseo de salir huyendo y, como si fuésemos el personaje eterno de una sabia parábola de cualquiera de Los Evangelios, volver a habitar, llenos de vida, los sucesos vencidos de un tiempo, joven, que ya ha quedado atrás.


domingo, 26 de abril de 2015

LOS DELFINES (Fred Neil)


Este mundo viejo nunca va a cambiar. El camino está ya trazado y ninguna guerra va a poder cambiarlo. He estado buscando a los delfines en el mar mientras me preguntaba que sería lo que tú pensabas sobre mí.

No soy el único en ocurrírsele como funciona el mundo. Solo sé que para que haya paz, el odio tiene que desaparecer. He estado buscando a los delfines en el mar mientras me preguntaba que sería lo que tú pensabas sobre mí.

A veces pienso en aquellos sábados de la niñez, todo aquel tiempo en el que campábamos a nuestras anchas. He estado buscando a los delfines en el mar mientras me preguntaba que sería lo que tú pensabas sobre mí.

Este mundo viejo nunca va a cambiar. Este mundo nunca va a cambiar. Este mundo nunca va a cambiar

(Por la traducción, libre, libérrima, julian bluff)


domingo, 12 de abril de 2015

UN HOMBRE CON SUERTE


Quizás... si tuviera que elegir una canción para resumir mi vida -resumirme a mí... en definitiva- sería la que figura a continuación

martes, 7 de abril de 2015

LA TRISTEDAD


La Tristedad (OLDELAF)

La tristedad es cuando vienes de coger un palillo, tienes que explicar que tu padre es suizo alemán y un compañero te pregunta qué hace en Francía. Y duele.

La tristedad, es colarte en el metro de Fourviere el 15 de agosto. Es cuando tienes que irte a vivir a Nogent-Le-Rotrou. Es cuando tu peluquero te hace ver que eres medio pelirrojo. Y duele.


La tristedad. Soy yo, eres tú, somos nosotros ¿Qué es? Es una ligera angustia en la voz. La tristedad. Es huuum, es guauh. Son ellos. Sois vosotros. Es la vida que dice que no va a ayudarte.

La tristedad, es cuando te escogían para hacer de portero de balónmano. Ir en el Mercedes junto a Diana de Gales. Los sábados, por la tarde, cuando tu hijita está jugando junto al canal ¡Un asco!.

La tristedad, es cuando pisas con los pies desnudos las piezas del Lego. Cada vez que bebes agua en un viaje por la India. Cuando tu vecino te dice que va a aprender a tocar el saxo. Y te sientes mal, muy mal.

La tristedad. Soy yo, eres tú, somos nosotros ¿qué es? Es una ligera angustia en la voz. La tristedad. Es uuuhm... , es ¡guauh!. Son ellos. Sois vosotros. Es la vida que dice que no va a ayudarte.

La tristedad, es cuando tu amigo del alma te confiesa que tiene el sida. Cuando tu mujer se acuesta con otros. Cuando los jóvenes te llaman “señor” por primera vez. Y te sientes mal.

La tristedad, es copiarle el estilo a Eddy Mitchell. Es conjugar el subjuntivo plural de “hervir”. Es comprar los regalos, el sábado antes de Navidad. Y te sientes mal, muy mal.

La tristedad. Soy yo, eres tú, somos nosotros ¿qué es? Es una ligera angustia en la voz. La tristedad. Es uuuhm... , es ¡guauh!. Son ellos. Sois vosotros. Es la vida que dice que no va a ayudarte. No, no, no. La tristedad, la tristedad. La tristedad te confiere una triste actitud.

La tristedad es un poco de tristeza y un poco de soledad.


(Por la traducción, libre, libérrima, como otras veces, julian bluff) 


sábado, 14 de marzo de 2015

ALMOST BLUE


Haciendo un pequeño receso en la narración de la novela que estoy escribiendo. Llevaba algunos meses con el proyecto entre manos, pero no ha arrancado definitivamente, y en serio, hasta hará unas cinco semanas. Me hizo ilusión cuando el domingo pasado, me parece que fue, subí un post nuevo al blog, que desde hacía un montón de tiempo permanecía mudo, comprobar, el lunes, que había gente que todavía se acordaba de mí y se había acercado por ARQUETIPO'S a echar un vistazo.

Me gustaría tener un blog que solo se preocupase de la melancolía o de la tristeza de ánimo. Sólo escribiría en él cosas bonitas, cosas tristes pero bonitas, y el título de cada post sería el de una canción que fuese a su vez hermosa y triste. Unas canciones que yo me ocuparía, cada vez, de integrar como banda sonora de la lectura. Un blog donde lo narrado estribaría siempre, porque que no hay mejor fuente de inspiración que la que presta la música, sobre el título de la canción triste del día, y, como les ocurre a estas, sería completamente distinto, cada vez, aunque fuera parecido en apariencia.

La de ahora: "Almost Blue" is definitely blue. Voy a permitirme, también, dejarles un pasaje de mi novela que algo tiene que ver -quizás mucho, lo mismo aparece Elvis Costello en su decurso- con lo que les estoy contando.

"... cuando terminamos de tomarnos los cafés, fui al salón, para poner en el viejo equipo estéreo... que ya casi nunca funcionaba... el disco de Balleri. Me senté en un sillón situado frente a los bafles, en el que, cuando yo era joven, había dejado que transcurriera -y tan satisfecho, además- una buena parte de mi vida: durante muchos años había estado utilizando aquel sillón para estudiar, pare leer, para escuchar música. Eran los años, en los que, si querías oir el disco entero, tenías que levantarte para darlo la vuelta. Los años en los que cualquier sábado por la tarde podía representar el inicio del mundo. Y en los que, al volver a casa, de madrugada, aun me quedaban ganas de quedarme a oir las nuevas canciones de Elvis Costello, tomándome una copa más, antes antes de dejar que ese día perdiera definitivamente su conexión con el resto del tiempo. Ahora todo había cambiado de repente. O casi de repente. Fundamentalmente yo ¡claro está! y la desconexión entre los días era, esta vez, la nostalgia, y no la ilusión, la que se ocupaba de proporcionármela". 


domingo, 8 de marzo de 2015

LLOVIDO DEL CIELO


Hay tardes del final del invierno, como esta, en la que una única canción puede descolocarte, como esta...



y que no sepas, a ciencia cierta, cual es la verdadera edad que tienes.