sábado, 14 de marzo de 2015

ALMOST BLUE


Haciendo un pequeño receso en la narración de la novela que estoy escribiendo. Llevaba algunos meses con el proyecto entre manos, pero no ha arrancado definitivamente, y en serio, hasta hará unas cinco semanas. Me hizo ilusión cuando el domingo pasado, me parece que fue, subí un post nuevo al blog, que desde hacía un montón de tiempo permanecía mudo, comprobar, el lunes, que había gente que todavía se acordaba de mí y se había acercado por ARQUETIPO'S a echar un vistazo.

Me gustaría tener un blog que solo se preocupase de la melancolía o de la tristeza de ánimo. Sólo escribiría en él cosas bonitas, cosas tristes pero bonitas, y el título de cada post sería el de una canción que fuese a su vez hermosa y triste. Unas canciones que yo me ocuparía, cada vez, de integrar como banda sonora de la lectura. Un blog donde lo narrado estribaría siempre, porque que no hay mejor fuente de inspiración que la que presta la música, sobre el título de la canción triste del día, y, como les ocurre a estas, sería completamente distinto, cada vez, aunque fuera parecido en apariencia.

La de ahora: "Almost Blue" is definitely blue. Voy a permitirme, también, dejarles un pasaje de mi novela que algo tiene que ver -quizás mucho, lo mismo aparece Elvis Costello en su decurso- con lo que les estoy contando.

"... cuando terminamos de tomarnos los cafés, fui al salón, para poner en el viejo equipo estéreo... que ya casi nunca funcionaba... el disco de Balleri. Me senté en un sillón situado frente a los bafles, en el que, cuando yo era joven, había dejado que transcurriera -y tan satisfecho, además- una buena parte de mi vida: durante muchos años había estado utilizando aquel sillón para estudiar, pare leer, para escuchar música. Eran los años, en los que, si querías oir el disco entero, tenías que levantarte para darlo la vuelta. Los años en los que cualquier sábado por la tarde podía representar el inicio del mundo. Y en los que, al volver a casa, de madrugada, aun me quedaban ganas de quedarme a oir las nuevas canciones de Elvis Costello, tomándome una copa más, antes antes de dejar que ese día perdiera definitivamente su conexión con el resto del tiempo. Ahora todo había cambiado de repente. O casi de repente. Fundamentalmente yo ¡claro está! y la desconexión entre los días era, esta vez, la nostalgia, y no la ilusión, la que se ocupaba de proporcionármela". 


domingo, 8 de marzo de 2015

LLOVIDO DEL CIELO


Hay tardes del final del invierno, como esta, en la que una única canción puede descolocarte, como esta...



y que no sepas, a ciencia cierta, cual es la verdadera edad que tienes.


domingo, 23 de noviembre de 2014

EL FINAL DE LOS TIEMPOS


"Por encima del desierto discurre una barra de luces que acarrea consigo la paz y la guerra, a los hombres y sus bestias, la seda y el hierro, el sudor y la sed, el vuelo excelso de las águilas, los vítores de las victorias y las voces dolientes de los prisioneros" "Una arcada de plata ilumina al mundo cuando se esfuma el sol". ("El Libro de los Aventureros". Imran Hosseini. Año ciento treinta y dos desde el nacimiento del profeta).

Esa barra de luces de la que, desde bien antiguo, viene hablándose en los libros, llegará un día, un día que se avecina próximo, en el que se transformará toda ella en una ardiente lengua de fuego. Ese día, un polvo fino de ceniza lo cubrirá todo, absolutamente todo ¡Hasta la voluntad de los dioses y la memoria de los muertos!

Entonces, inapelablemente, sencillamente, los arquetipos falaces de los que los hombres han venido sirviéndose para instrumentalizar su destino, se extinguirán para siempre ¡¡Zaaas!! Desaparecerán todos juntos, visto y no visto, en un fugaz baile de máscaras.

martes, 18 de noviembre de 2014

EL MUSICO


Una tarde tras otra insiste en hacerse amigo de la felicidad. Casi siempre le parece ver reflejada su sonrisa en el culo del vaso. Esta vez le ha pasado. Vuelve a coger la botella y a llenarlo con parsimonia. Afina la guitarra, comienza a puntear las cuerdas sin saber a donde le conducirán sus dedos ¿a la soledad? ¿hasta los besos de un antiguo amor? ¿hacia la sencillez y la rotundidad del viento?. Desliza su mano izquierda calculadamente, delicadamente, sobre el mástil, tanteándolo... trasteando... acariciando las cuerdas que lo cruzan. Provenientes de la caja se escuchan unas olas que rompen frente a la playa, los jadeos de una muchacha a punto de quebrarse en lágrimas... 

Hablan las cuerdas, la madera, el vacío de la caja. Reproducen las palabras amargas de una amante dolida que no le permitió quererla menos de lo que amaba a la tristeza. Una mujer morena, cuyo orgullo herido la hacía recelar insistentemente de la sinceridad de su amor. Una mujer errada.

Sus dedos aflojan la presión que ejercen, dejan de moverse, se quedan inertes... sin haber podido dar tampoco en esta ocasión con el venturoso camino de notas que conduce hasta la felicidad. 

Ellos saben que se halla allí oculto, esperando la secuencia de sus movimientos. Pueden escuchar los arrullos y suspiros de una armonía. O de otra, parecida pero distinta. Pero a la hora de intentar hacerse con las notas, estas comienzan a escabullirse, a escapar, a rechazar su tacto. Vibrantes, disonantes, hoscas, como si lo considerasen un tipo capaz de exagerar o de hacerlas de menos.

Se sirve otro trago. Tal vez ahora sí que pueda ser capaz de encontrar ese mi sostenido y esos soles radiantes que lo lleven en volandas a lo largo de toda la escala y lo alojen en el paraíso, o tal vez se tenga que conformar de nuevo, como si de un gentil novio adolescente se tratase, con acariciar embelesado el vientre pleno de la guitarra y el mero tacto del cordaje, su textura y su esencia, consiga hacer que se sienta bien.

Entre trago y trago de nostalgia va desgranando en esta tarde seca, una vez más, la historia absurda de su vida, una vez más, la vida de un hombre confundido, de un hombre extraviado, de un ser humano que pretendía ser siempre feliz y terminó, para poder lograrlo, echándose de novia a la tristeza.

Entre trago y trago de sinceridad va desflorando con sus dedos, huyendo en loca fuga entre las cuerdas, sus penas y sus ansias, su esperanza y su resignación... porque le consta, al cabo, que el único remedio infalible que conoce para seguir riendo, para continuar creyendo, para seguir amando... es escuchar la música.

La música. Suena la música. El la escucha ¡cómo no!. Y, cada vez que las lágrimas asoman a sus ojos, renueva su verdad y su hombría, dejándolas correr a su aire, sin cortapisas. 

sábado, 8 de noviembre de 2014

JOSE ANTONIO MONAGO ¿Gavilán o Paloma?


"Amiga, hay que ver como es el amor..."

El tío con el mayor "morro" de toda la historía de la democracia española. Un personaje indescriptible. Inaudito. Capaz de convencerles a los panolis, de IU, de que es un tío legal.

¡Qué país! Ni en sus momentos creativos, más cáusticos, el tándem Berlanga-Azcona podría imaginarse que el panorama iba a llegar a estos extremos de mendacidad. Y es que está criatura, el colega de la vega, el mancillado, representa, sin ayuda de nadie, la esencia de la más cutre y rancia españolidad: los cuernos, la "santa", la familia y los niños, la abnegación por el "trabajo", viajar de gorra, la misa de doce, los lloriqueos, la pilingui en Canarias (compartida), el colegueo con los currelas, la rasgada de vestiduras, los embustes, las amenazas... en fín, para que seguir...

¡Ten cojones y dimite, coño! Como un hombre, José Antonio, como un hombre.

viernes, 7 de noviembre de 2014

LOS POETAS


Yo, que intento comprender al tiempo y a otros ámbitos ultradimensionales que en modo alguno van a poder ser nunca inteligibles.

Yo, que al escribir persigo la quimera de atestiguar con mis nociones el logos de lo mágico.

Combatiente de tópicos, de axiomas, de obviedades, de lugares manidos, de rumores... y ajeno a la verdad de los best-sellers y las listas de discos más vendidos, como estilo de vida.

Yo, divulgador sereno de la ciencia en el verso, y en el decir si es oportuno. Amante fiel de la exactitud, de lo probable. Excéntrico en mi patria, ciudadano del mundo...

Moderno, sibarita, raro... pero discreto y con la apariencia de cualquiera.

Yo, un descarado ególatra, un artista, todavía soy capaz de derrumbarme,
astillarme, llorar, cuando una mujer cualquiera -medianamente inteligente, dudosamente guapa- que me gusta, desdeña mi cortejo.

¿Para qué tanta fe? me digo ¿tan contumaz persecución de la verdad y el cenit? ¿No cambiaría todo lo que conozco por besar esos vulgares labios que me niegan? ¿No habrán sido precisamente estos “no quiero” los que me han hecho magnificar “lo trascendente”?.

¿No será en realidad el verdadero arte un destello de cuerpos y sonrisas y aún los más gratos versos tan sólo sucedáneos resentidos?.

¿No asilarán los hondos del poeta a un hombre sin encanto, un cursi, un tenorio frustrado?. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

MERIENDA PARA UNA SOLA TAZA DE TE


Llovía. Llevaba todo el santo día lloviendo sin parar. Un día malo de otoño.

Pensé en mí. Reproduje con la mente aquel rostro tranquilo que aparecía en la última foto del verano. Pensé si yo era el hombre que podrías estar tratando de encontrar cuando me telefoneaste a las cuatro. Si cabía la posibilidad de que el tiempo hubiese propiciado la ocasión de que de verdad llegara a gustarte. Si mi corazón podría ser capaz de seguir queriéndote cuando amainasen los deseos.

Había bebido un par de cervezas para entretener la espera. Barajaba pedir otra. Entre tanto dejé que mi imaginación me condujese hasta otras mujeres de las que había estado enamorado. Su nariz, sus ojos, su boca... Un memorando de amores vanos. Me daba cuenta de que yo pertenecía a esa clase de personas para los que lo mejor era siempre lo que no podían obtener. Pero, con franqueza ¿no son estos amores ideales los únicos que de verdad merecen ostentar tan rotundo nombre?. La razón me confesó que sí. Los otros idilios -los consumados en la carne- al expirar se llevan consigo todos los atributos susceptibles de permitir que los continuemos llamando amor. Resolví, al cabo, tomarme la cerveza.

Mientras intentaba atraer la atención del camarero a base de agitar un brazo alzado, descubrí tu cara, radiante, mirándome por entre los cordones de agua que surcaban los cristales del ventanal. Estabas preciosa. Hasta llegar a mi lado, no paraste de sonreír un solo segundo. Me puse en pie. Nos besamos. Cada uno de nosotros pronunció el nombre del otro.

“¡Vengo calada hasta los huesos!” protestaste del aguacero. Antes de que yo pudiese soltar cualquier bobada, a modo de estímulo, un muchacho se nos acercó y nos preguntó que era lo que queríamos beber. “Un té con limón” le pediste. “Una cerveza” le pedí, yo.

“Te he llamado porque me apetece que tú seas el primero en saberlo”. De entrada, me chocó el comentario. “¿Dejas por fin la empresa?” te pregunté. “Me caso el mes que viene. Con Emilio. Igual te acuerdas de él. Aquel chico rubio con el que coincidimos el verano pasado en la fiesta de Magda y a tí te pareció tan majo”. Permanecí callado, en silencio; sospechaba que sus siguientes palabras iban a conseguir joderme más todavía.

“Sí, hombre. Tienes que acordarte”.

Yo continué sin abrir la boca. Cuando lo hice fue para soltarlte la primera tontuna que me vino a la cabeza, interesarme acerca de una prima tuya con la que había coincidido hacía la tira de años en unos cursos de inglés. Declinaste hablarme de tu prima y preferiste continuar hablándome de Emilio. Yo no paraba de sonreir.

La cita no se prolongó en demasía. Aduje que tenía un poco de prisa y tenía que marcharme. Mientras salíamos del bar me cogiste del brazo. Sin mirarte a los ojos, entre gotas de lluvia y punzadas de melancolía, reconocí que había estado siempre enamorado de tí.

“Eres un tonto” confirmaste tú, entonces, mis sospechas. Y partiste sola, calle abajo, en dirección a La Castellana.