jueves, 4 de febrero de 2016

UNA PEQUEÑA ALBUFERA (Parte II)

(Tamara de Lempicka)

Ensimismado con las peripecias de las gotas de agua agrupándose y resbalando en hilera por el cristal ¡la de veces que los escritores malos habrán recurrido en sus novelas a describir el proceso! pondero mi actual hartazgo de laicismo. Me parece que obro bien, realmente siempre me han escamado un poco los propósitos de los intelectuales. La catedral de Evreux ha formado, desde que tengo uso de razón, parte del escenario de mi vida y a estas alturas de la trama me cabe ya sólo decantarme por la reconciliación o por el olvido.

Cyrille va calzado con unas botas altas, de caucho, que componen un curioso contraste con el impermeable. Indudablemente, ha tenido que sentirme llegar.

-“Pareces una avispa, Cyrille”, le digo. Las botas de Cyrille son de color negro.

-“¿Cómo por aquí, profesor? ¿No le preocupa que se le encharquen las ideas? ¡je, je...!”.

-“Ni lo más mínimo” le contestó al chantre, y me río porque sé, y me consta, que mis ideas permanecen encharcadas desde hace mucho tiempo. Desde que remonté los cuarenta o así. Como si todas ellas, juntas, diesen forma a una pequeña albufera de perplejidades derramada por alguien, sin demasiado ímpetu, entre los cuatro lóbulos de mi cerebro.


miércoles, 3 de febrero de 2016

UNA PEQUEÑA ALBUFERA (Parte I)

(Thomas Hart Benton)

De "Memorias de un libertino desencantado"

Es domingo pero el jardín se encuentra vacío. No podría negar que las echo de menos. Cae una lluvia fina y persistente, a veces a ráfagas un poco aparatosas, que, quizás, vaya a echarles a perder la mañana. Pero no puede negarse que así son, y así deben ser, los inicios de la primavera.

Al fondo del todo, junto a la casa de herramientas pegada al huerto, me parece distinguir una figura humana. Es de color predominantemente amarillo. Podría tratarse de Cyrille. No me explico en que puede andar liado. Tal vez pretenda comprobar como los capullos de los rosales... que más adelante se dedicará a oler con mimo... él, solterón y a veces, contadas, porfiado y borracho... son capaces de resistir los embates de la lluvia. Igual solo quiere refrescarse un poco y procurarle, así, un cierto alivio a su ceguera.

Las chicas han ido todas juntas hasta Evreux. Las guían un par de colegas y el padre capellán. Espero que disfruten de la experiencia. La catedral es muy hermosa y casi seguro que algunas de ellas, sobre todo las alumnas nuevas procedentes de otras zonas, no habrán dispuesto, hasta hoy, de la oportunidad de visitarla.


martes, 2 de febrero de 2016

NUEVOS VIAJES A MARTE (Parte III)


Te colmaré de bellas palabras en nuestra cama de amor, acariciaré tu vientre en la aurora y te traeré agua fresca de la nevera siempre que me lo pidas. Seré incapaz, seguro, de hacerte tan feliz como te mereces. Tampoco podré, supongo, llegar a saber interpretar tus silencios. Te incomodaré con mis dudas. Y me encontraré con que algún día, en plena noche, iré a abrazarte y tú no estarás ya a mi lado.

Discúlpate -di: “lo siento”- si me ves cabizbajo. Porque todo lo que me pase deberá ser de tu incumbencia y tú habrás de ser la única persona que, de verdad, me ayude a soportar las malas rachas.

Cierro la novela y apago la luz. Desconecto el móvil. Con los ojos entreabiertos para disfrutar, así, de la oscuridad, el dulce abrazo del silencio me libra de enredarme en cualquiera de los penosos argumentos que me permitirían argüir unas causas discretas gracias a las que poder justificar mi decepción. Tal vez, no lo fueran tanto.


lunes, 1 de febrero de 2016

NUEVOS VIAJES A MARTE (Parte II)

(Trevor Mitchell)

Si tú y yo pudiésemos ser alguien que nos observa a los dos desde el aire ¿quién seríamos?. ¿Batman? ¿Campanilla? ¿Un halcón? ¿Mary Poppins? No creo. Probablemente seguiríamos, los dos, completamente perdidos.

Continuaríamos siendo "los otros". Los que permanecen sentados en la mesa de la cafetería. El que quiere querer mejor. La que sabe sonreír con más gracia, coqueteando, prometiendo la dicha, alentando el deseo...

Tú les miras a las flores de fieltro colocadas sobre el mantel, yo persigo al camarero con la mirada. ¿Estás contenta? te pregunto. "Bueno". Es una respuesta más. Vuelvo a extraviarme en tus ojos. “¡Si pudiera quererte siempre!” -pienso- “¡si tú me comprendieras y aceptaras como soy!”. 


domingo, 31 de enero de 2016

NUEVOS VIAJES A MARTE (Parte I)


No sé si me querrás siempre. No sé si me quieres ahora. La tarde que revienta de rojo. Tu pelo. La ansiedad en tu mirada. ¿Suponen algo a lo que poder llamar amor?. No lo sé. "¿Podría usted quererme un poquito, sólo un poquito, señorita?" bromeo contigo. Te ves reflejada en mis ojos y calculas la clase de amor que revela el espejo al que te asomas, también te preguntas como sería tu amor por esos ojos en los que intentas reconocerte mientras me miras...




martes, 26 de enero de 2016

UN SECRETO (para Carol, con cariño)

(Richard Phillips)

Ella me dijo que había acudido a verme porque yo hablaba de su abuela en uno de mis libros. Se lo había dicho su madre cuando la vio leyéndolo. Le dijo que me conocía y que el personaje de Victoría Santacana, presente en “Bajo la lluvia”, cierta novela mía de los noventa que había gozado o aun estaba gozando -si nos atenemos al motivo de la inesperada visita- de cierta repercusión, estaba inspirado en su abuela.

-“Ya lo ve, he tenido que desplazarme a Palma por motivos de trabajo y no he podido resistir la tentación de venir a hacerle una visita. No me lo imaginaba así, la verdad”.

-“¡Ah, no! ¿Y cómo te imaginabas que era?”.

-“Más alto, también más viejo. No se por qué pero me lo imaginaba más alto. Mamá es  bastante alta...”.

-“Y... ¿más apuesto, tal vez?”.

Ella se sonrojó y prefirió no contestar. Aunque a esas alturas de mi vida, su respuesta iba a parecerme lo mismo, no cabe duda de que ella debió interpretar mi pregunta como una velada provocación. Escabulléndose por la tangente, persistió:

-“¿De verdad, mi abuela era alguien tan bicho como, usted, la pinta?”.

-“Bueeno...” -esbocé una sonrisa, una sonrisa de suficiencia que claramente podía permitirme por razones de edad- “... estamos hablando del personaje de un libro, y los personajes de los libros son de mentira, son arquetipos. La gente en la realidad comete errores, se desdice, duda. ¡Hay algunos, cada vez menos, que hasta se arrepienten! Cuando escribí la novela, pretendí que Victoria encarnara a una manipuladora, alguien un poco mezquino. Pero, en el fondo, se trata tan solo de una niña vieja que adoraba a su hija y temía perderla. No se fiaba de Germán. Quizás, después de todo, la mujer que encarnaba mi personaje no fuese tan absurda”.

-“... entonces... ¿no era un bruja?”.

-“Si a eso vamos, todas las chicas, en un determinado momento, podéis convertiros en brujas. Muchas veces, defenderse de la brutalidad de los ogros demanda hacer uso de toda suerte de conjuros”. Sonreí.

A mi visitante no le debió sentar demasiado bien esa respuesta -la misma no dejaba de ser una humorada, pero ella todavía era muy joven- y se despidió apresuradamente de mí. Un par de minutos antes, yo le había escrito en nuestro libro, en la primera página: “Para Carol, con cariño”.

Cuando me quedé solo de nuevo, dos lágrimas emergieron de mis ojos. Las lágrimas de la soledad. Como habrán adivinado no pude evitar imaginarme que esa curiosa jovencita, que acababa de decirme adiós, bien podría haber sido mi propia hija.




domingo, 24 de enero de 2016

LA FERIA DE LAS VANIDADES (Ada Colau rules)

 (Mia Araujo)

Me encuentro en un libro que ando leyendo con este texto que sigue:

"Sabía que no se trataba de auténtico divismo. Atrás quedaban los días en los que el mundo estaba poblado de hombres y dioses. Al contrario, lo que antaño había sido una luminosa excepción se había convertido ahora en la regla de una sociedad que había consolidado la celebridad como un estatus al alcance de todos. De esta manera, el divismo de masas menor, elevado a condición universal, se había convertido en un tiránico imperativo. La televisión había creado un limbo en el que pacían seres híbridos, mitad hombres y mitad iconos, en un régimen de popularidad sin auténtica gloria ni auténtica fama, un Olimpo al alcance de cualquiera que, por tanto, condenaba a todo el mundo a querer entrar en él a cualquier precio".

El personaje que nos habla, desde las páginas de la novela, es un chef gastronómico obsesionado con obtener su primera estrella Michelín. Es consciente de que ese logro profesional que persigue habrá de ser, fundamentalmente, una cuestión de modas. Dependerá de que él, el cocinero, sea capaz de ponerse de moda. No de ser más diestro... o mucho más diestro... que la mayoría de los otros chefs, o más verazmente, de atenernos a lo que de verdad debería comportar la gastronomía, de dar de comer mejor, o mucho mejor, que sus diferentes colegas, sino de conseguir una popularidad, salir en los medios, darse a conocer a través de su imagen misma. Hacer el pedorro, en suma.


(Emilia Dziubak)

Pero igual sabe, nuestro personaje, que ese reconocimiento público, amén de tramposo va a ser efímero, ya que el funcionamiento del proceso prevé que a la menor ocasión, tan pronto como su imagen empiece a desgastarse, y cada vez los iconos se deprecian con más facilidad y mayor frecuencia a causa de la falta de criterio imperante, aparezca pletórico en "prime time", en cualquier "reality show", un nuevo trampantojo de cocinero -más delgado o más gordo, más joven o más viejo, más simpático o más soso...- con el que las audiencias puedan volver a encariñarse.


Todo esto, puesto en relación con la gastronomía, al margen del perjuicio implícito que supone que cada vez te den de comer peor en todas partes, no habría de tener excesiva importancia: cuando uno... por fin... se satura, no vuelve a poner sus pies en un puto restaurante y santas pascuas, pero trasladado al mundo de la "res pública" no deja de tener su aquel. Lideres -este novedoso sistema no va aceptar otra cosa que individuos- cuyo crédito, ante sus conciudadanos, va a derivar, sobre todo y fundamentalmente, de su gancho como personaje televisivo, por encima, o incluso al margen, de cualquier mérito de verdadera enjundia.

Políticos "Lady Gaga" capaces de reinventarse cada día -y aquí hablo de una mutación estética que no ética- a fin de continuar disfrutando del fervor de las masas. Sometimiento a los grandes grupos de comunicación para que sus capitostes no los sustituyan, una vez amortizados, por otros personajes más novedosos e igual de mediáticos que vayan a correrles la silla. Esta es la nueva política, señores, y habrá que irse acostumbrando. Tal vez el aupamiento orgánico a través de la saliva y las heces del viscoso organismo de los partidos fuese algo aun más cínico y todavía más perverso. Tal vez. Yo apuesto a que de aquí a un par de años, el joven Iglesias, reinventándose, se habrá deshecho de su sedosa coleta.

Por lo pronto, doña Ada Colau, controvertida alcaldesa de Barcelona, es portada del "Vanity Fair". Y sale bastante cañón, por cierto.

¿Se reinventa? En este caso, yo diría que no. Que ella estaba deseándolo. Je, je, je...